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Una de las vías de financiación más favorables para los intereses de los usuarios bancarios son los créditos sin intereses. Parten de un tipo de interés en consonancia con los marcados por el mercado bancario, en torno al 10%, pero con la gran novedad que reportan para sus destinatarios ninguna tasa, comisión o gestión administrativa.

Se puede decir que en la actualidad son los mejores créditos que pueden contratarse, ya que el ahorro que puede generarse en su contratación es bastante estimable, por la exención de comisiones de estudio, apertura, cancelación anticipada u otras que pudiesen conllevar estos productos bancarios.

No son muchos los productos que se adscriben a esta característica, pero siempre hay alguno en la actual oferta que vienen desarrollando los principales bancos del país. Especialmente los destinados a jóvenes y otros de carácter social, que están confeccionados bajo esta premisa tan peculiar.

En muchos de los casos se comercializan bajo el gancho “sin”, para que los clientes sean mucho más receptivos a las propuestas realizadas, y a la que se adscriben otras prestaciones y servicios muy interesantes para sus intereses. Incluso a través de la bonificación del crédito si se tienen contratados otros productos con la entidad (planes de pensión, fondos de inversión, seguros, etc.).

A partir de este momento, los clientes solamente tendrán que elegir la propuesta que mejor se adapte a su perfil como clientes, y especialmente a sus necesidades reales de financiación. Y que les llevará con toda seguridad a contener sus gastos por la gestión de este producto bancario, que por otra parte con implica unos intereses más bajos necesariamente.

Suelen ser destacados por las entidades financieras como parte de sus ofertas más interesantes, y cuya finalidad es muy plural: comprarse un coche, acometer la reforma del hogar, son sencillamente encontrar una vía de financiación para desarrollar un master, curso post grado u otros de carácter universitario.

En cualquier caso, están concebidos bajo una configuración más flexible, en función de cada modelo, ya no son todos iguales, y cada uno de ellos aportan sus propias características, que son las que conforman la actual oferta de los bancos.

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“Porque acabar los estudios no es el final” es el eslogan que ha puesto en marcha Banco Sabadell para comercializar su “Crédito Master”, y que está destinado para los estudiantes que hayan cursado una carrera y ahora desea completar su formación, habilitándoles una ayuda para encauzar su futuro profesional financiándoles un máster o un curso postgrado.

El coste para financiar estos estudios es inferior a 45.000 euros, en el que están incluidos otros gastos, como los relacionados con el material de estudio necesario, o también su estancia en el extranjero. Si el pago de sus estudios debe realizarlo al inicio de cada curso escolar, puede solicitar que el crédito se realice en diferentes cantidades parciales del importe solicitado. De esta manera sólo paga intereses sobre el importe utilizado.

Se trata de un producto bancario que contempla un plazo para su devolución que alcanza los 10 años, en el que se incluye – como aportación con respecto a otros diseños – un período de carencia que puede ayudar a los jóvenes clientes a sufragar más cómodamente este vía de financiación tan solicitada por ellos.

Todo ello a través de 12 cuotas anuales, en donde puede elegirse pagar sólo intereses durante la realización de estudios (carencia), con un plazo máximo de 5 años. En una de las ofertas para el lanzamiento de esta vía de financiación. Y que ofrece mayores prestaciones y servicios que en otros productos menos específicos y abiertos a todos los sectores de la sociedad.

Otro de sus elementos de disuasión se basa en los tipos de interés que aplican, al ser más benévolos y favorables. Esto en la práctica se traduce un tipo de interés anual del 7%, y que es más asumibles para los intereses de este colectivo social, por las especiales características del mismo.

No obstante, conlleva una serie de comisiones que gravan el resultado final de este préstamo. Una de ellas es la tasa de apertura, que llega al 1,50%, y otra por compensación de reembolso anticipado, que es del 0,50%.

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Si los clientes acuden a su banco a formalizar un préstamo de 200 o 300 euros, probablemente les sea rechazada su petición. Las entidades financieras no se manejan bajo estos márgenes tan estrechos, en los que los beneficios son muy escasos y no compensa la formalización de este proceso.

Desde esta perspectiva, los usuarios bancarios no tendrán más remedio que acudir a una de las entidades prestamistas que se encargan de comercializar los micropréstamos. Son muchas las habilitadas a través de la geografía española, y casi todas regidas por similares estrategias en las condiciones de contratación.

Se encargan de facilitar a sus clientes cantidades muy pequeñas, entre 50 y 300 euros aproximadamente, y que son demandadas con urgencia por los particulares, que necesitan sus importes para pagar un servicio, sus obligaciones fiscales, a proveedores o cualquier gasto no previsto en sus presupuestos.

Verán como a través de este modelo de financiación es la única alternativa para satisfacer sus necesidades, de forma inmediata y con menores trámites administrativos. No obstante, sus condiciones serán mucho más duras, incluso en algunos cados demasiado exigentes, que hace que los demandantes busquen otras alternativas.

Suelen aplicar unos tipos de interés muy elevado, que en la mayoría de las ocasiones rebasan ampliamente la barrera del 15%, sea cual fuese la cantidad demandada. Y con unos plazos de amortización muy limitados, ya que requieren una devolución muy rápida, en no más de 1 o 2 meses, ya que conllevan penalizaciones muy rígidas, en las que los usuarios de estos productos tendrán que pagar más de la cuenta.

No obstante, no será necesario la aportación de muchos documentos para acceder a estos productos, ni tan siquiera demostrar una nómina, pensión o ingresos regulares. Asimismo, su formalización es más rápida, ya que en pocas horas tendrán la cantidad demandada en su cuenta corriente, claro está si aprueban la solicitud.

Desde esta perspectiva, se trata de un diseñó que está destinado para situaciones muy especiales, y en las que no puede acudirse a otras fuentes de financiación más convencionales.

 

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Cuando acaben estas vacaciones serán muchos los hogares españoles que tendrán que afrontar los gastos procedentes de la vuelta al cole de sus hijos. En muchos se podrá desequilibrar el presupuesto de los hogares, en otros no tendrán más remedio que acudir a los ahorros de toda vida. Y en tercer lugar, demandar un crédito para satisfacer estas necesidades.

Son los denominados créditos para la vuelta al cole, y que están comercializados cada vez por más entidades financieras que los han incorporado a su oferta de financiación, a través de propuestas muy variadas, pero con un único objetivo: que los peques de la casa puedan empezar su nuevo curso con completas garantías.

A través de esta clase de financiación se sufraga el vestuario, el material escolar, libros, e incluso hasta la matrícula del nuevo curso. Para ello, se puede demandar hasta 25.000 euros como tope máximo, que puede amortizarse en un plazo máximo de entre 3 y 5 años, y que no aporta especiales condiciones de contratación.

Los tipos de interés que aplican a estos productos bancarios varían en función de su emisión, pero habitualmente oscilan en una franja que va desde el 8% y hasta el 12%. Y a lo que hay que añadir las posibles comisiones que encarecerán el precio final que sus demandantes tendrán que abonar por disponer de esta punta de liquidez tan especial.

Todos los años, en estos vacacionales, empiezan a renovar o desarrollar estas vías de financiación, aportando nuevas prestaciones para que los clientes se decanten por el modelo que lanzan al mercado, por encima de los habilitados por parte de la competencia.

Desde este escenario, los padres podrán acudir a estos créditos para pagar estas necesidades que tendrán que asumir a la vuelta de las vacaciones, sin desajustar el saldo de sus cuentas bancarias, y afrontar otra serie de gastos también muy necesarios para sus intereses: pago de las hipotecas, alimentación, vestuario y otra serie de gastos necesarios para ellos.

 

créditos

 
Las tarjetas de crédito suelen disponer una línea de financiación a sus titulares, y cuya cuantía varía en función de su modalidad. Y que permite obtener una punta de liquidez automáticamente y cómodamente, ya que se puede retirar desde los cajeros automáticos en para las compras realizadas.

Prácticamente todos los usuarios bancarios suelen tener en su cartera una tarjera de estas características que les supondrá una línea de crédito muy variable. En las gamas alta puede llegar a más de 50.000 euros, aunque siempre en los formatos más excepcionales que están reservados a los mejores clientes.

Hay otros “plásticos”, en modalidad media, que aportan una financiación intermedia, con unos importes por encima de 10.000 euros. Y finalmente los medios de pago tradicionales, en sus formatos Mastercard y Visa, que limitan estos importes a partir de 3.000 euros, y que son los más habituales en este tipo de tarjetas.

No obstante, son los tipos de interés que aplican estas tarjetas el principal escollo que deben sortear sus titulares. Son muy elevados, generalmente situados en una franja entre el 12% y 17%, y en cualquier caso más caros que los que proporcionan otras clases de crédito más convencionales, que en algunas propuestas pueden conseguirse por debajo del 10%.

Otro elemento que encarece este medio de pago son las comisiones que incorporan. Principalmente la de emisión, con un coste económico que oscila entre los 20 y 50 euros. Y después, la cuota de mantenimiento que se desarrolla bajo similares parámetros. Aunque a través de ciertas ofertas y promociones pueden eliminarse para que sus titulares puedan ahorrar más dinero en su uso.

De cualquier, es una herramienta que permite estas líneas de crédito sin tener que demandar un crédito, y evitando todo el papeleo y gestiones administrativas que conlleva este proceso. Puede utilizarse, por otra parte, en cualquier momento y a todas las horas del día, aunque con el evidente peligro que eleva el nivel de endeudamiento si se abusa demasiado de este medio de pago para realizar las compras, pagar la factura del restaurante, etc.

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No hay actualmente ninguna clase de créditos que se denomine para funcionarios, desde luego que no. Pero lo que si se observa es la relativa facilidad que tienen los miembros de este importante colectivo social para acceder a las vías de financiación que vienen desarrollando las entidades financieras.

Este escenario es así porque se tratan de uno de los perfiles de clientes más demandados por los bancos. Su estabilidad en el puesto de trabajo, unos ingresos regulares y su mayor posibilidad para adeudarse son algunas de las variables que convencen a las entidades para darles a estos clientes un crédito personal, para el consumo, compra de su nuevo coche, etc.

En muchas ocasiones son comercializados con mejoras sensibles en sus condiciones de contratación, lo que en la práctica significa que sean formalizados con unas cuentas décimas porcentuales más baratos que los que se conceden a otros clientes. Y requiriendo solamente la nómina de estos trabajadores, nada más.

Para ello conceden importes no excesivamente elevados, por debajo de 20.000 euros, que pueden contratarse con importantes bonificaciones si se tienen otros productos contratados con su banco (planes de pensión, seguros, fondos de inversión, etc.). Serán, por lo tanto, uno de los clientes preferidos por las entidades. Es lo que se denomina un buen cliente.

El respaldo de sus sueldos es determinante para que son concesión se realice más fácilmente, y sin excesivos requisitos, y sus demandantes puedan disponer de sus aportaciones en su cuenta corriente a la mayor brevedad.

Con respecto a los plazos de amortización, comisiones, y penalizaciones que presentan estas vías de financiación son completamente iguales que los créditos concedidos a otros clientes que no partan de esta condición, y sin menoscabo de sus condiciones generales.

Desde este punto de vista, los funcionarios tienen más ventajas para formalizar su crédito, así como la posibilidad de mejorarlos ligeramente, en función de las propuestas de cada entidad bancaria. Que lanzan, por otra parte, ofertas en este tipo de productos a los funcionarios, muchas de ellas a través de las propias sucursales, sin que estén visibles en sus webs.

créditos

 
Las tarjetas de crédito es uno de los productos financieros más habituales entre los clientes bancarios. Raro es el que no disponga de este medio de pago en su cartera. Las hay de todas modalidades, desde las gamas básicas hasta las más exigentes, en lo que se constituye en una de las ofertas más completas que presentan los bancos en la actualidad.

Pero la gran prestación de estas tarjetas es precisamente la línea de crédito que ofrecen a sus titulares, y que se genera en función de la propuesta elegida. En una tarjeta estándar proporciona adelantos de hasta 5.000 euros, que pueden disponerse permanentemente, y para la finalidad que deseen los usuarios. Sin ningún tipo de explicación y sin ningún requerimiento por parte del banco.

No obstante, el tipo de interés que aplican son superiores a los créditos tradicionales, con unos márgenes que van desde el 11% al 19% aproximadamente. Y que en cualquier caso, su principal aportación se deriva de la comodidad para conseguir una punta de liquidez en cualquier momento, y sin la necesidad de pedir explicaciones al banco..

Como consecuencia de ellos, podrá pagarse, desde la factura en un restaurante, hasta las vacaciones de toda la familia para el próximo verano. E incluso cualquier clase de compras en comercios y establecimientos. Y que a medida que se vaya amortizando, podrá disponerse de nuevo de los importes devueltos.

No obstante, el mayor problema de estos créditos es que si se incumplen las cuotas o los plazos acordados, las penalizaciones son muy fuertes, y que incluso llevan a la rescisión de la tarjeta. Con los graves problemas que esta operación genera entre sus titulares, con mayores gastos de los habitual por incumplir el contrato.

Se trata de un crédito preconcedido, y que al disponer de este medio de pago, tiene abierta automáticamente una línea de crédito, en función de la modalidad elegida. No en vano, en los diseños más exclusivos puede rebasarse con cierta facilidad la barrera en el la línea de crédito de 10.000 euros.

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Puede que los bancos le hayan denegado la solicitud de un crédito, y piense que no podrá acceder a las fuentes de financiación. Pero no es así, ya que existe otra opción menos convencional para lograr este objetivo tan desea. Se consigue a través de los denominados préstamos entre particulares, una alternativa a los créditos bancarios.

Cada vez más, se están desarrollando plataformas en internet en las que puede conseguirse un anticipo monetario. Su estrategia se basa, en que algunos usuarios prestan el dinero a otros a cambio de un tipo de interés pactado, y de los que se benefician ambas partes.

Por un lado, el prestamista obtiene una rentabilidad más alta para sus ahorros. Por encima de la que le ofrecen los principales productos bancarios: imposiciones, cuentas, pagarés, etc. Y que en la actualidad está situada entre el 0,50% y 1,50% aproximadamente. Como consecuencia de esta operación, estas personas pueden hasta quintuplicar su rentabilidad.

Y por otro, en lo que se refiere a los demandantes del préstamo, consiguen abrirse a otros canales alternativos para la financiación, y seguramente que con unas condiciones de contratación mucho más favorables para sus intereses. Es habitual que muchas de estas operaciones puedan cerrarse con tipos al 6% o 7%.

No obstante, los principales problemas que se derivan de estas operaciones realizadas entre particulares proceden de las características de este producto. Los importes máximos que se conceden no son demasiados elevados, generalmente por debajo de 10.000 euros.

Y los plazos para su devolución no más cortos de lo habitual, ya que los prestamistas desean cerrar las operaciones lo antes posible, para contactar con más personas.

Estas operaciones monetarias entre las dos partes requieren una confianza de las mismas, aunque están avaladas por las plataformas que se dedican a esta actividad al desarrollar un seguimiento de los usuarios.

Otra de sus aportaciones es que no existe ninguna clase de comisión ni otros gastos administrativos o de gestión, que beneficia a las operaciones realizas, especialmente al destinatario de estos préstamos, que se ahorrará el importe de estas penalizaciones.

 

 

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